• Tatiana psicóloga

Antídotos contra la insatisfacción corporal

Estar satisfecha con nuestra imagen corporal nada tiene que ver con nuestro atractivo físico real, ni con la talla o grado de tonificación muscular de nuestro cuerpo. Más bien tiene que ver con los sentimientos y creencias que tengo hacia mi cuerpo. Si existe mucha diferencia entre el “cuerpo que yo considero ideal” y “la percepción de mi cuerpo real” la insatisfacción corporal será grande.

Esta insatisfacción corporal está muy generalizada en nuestra cultura, porque estamos inmersos en una glorificación de la delgadez que asocia la felicidad con un cuerpo esbelto y tubular (con forma de tubo, sin redondeces).

En muchas ocasiones la insatisfacción corporal, junto a otros factores, puede conducirnos a padecer un TCA y desencadenar una distorsión de la imagen corporal.

¿Qué es la distorsión corporal? Es una percepción exagerada y deformada de tu cuerpo. Te sientes gorda aunque no lo estés. Esta distorsión se refiere a lo que sientes e imaginas que es tu cuerpo, y no siempre a lo que “ves”. Puedes verte delgada en una foto, pero sentirte gorda. Es como si la imagen real no se “actualizara” en el cerebro. En la mente siempre nos aparece una imagen deformada.


¿Cuáles pueden ser los “antídotos” o factores que me protegen de tener una distorsión corporal o una insatisfacción corporal?

Un factor protector es desarrollar una actitud crítica desde la infancia ante los mensajes publicitarios de la cultura de la delgadez. A través de los medios de comunicación interiorizamos el estereotipo del cuerpo delgado ideal, y la necesidad de hacer dietas restrictivas y adelgazar. En la niñez, alrededor de los 7 u 8 años, ya se han incorporado los criterios básicos sobre la estética corporal, incluyendo el rechazo a la obesidad. Si somos conscientes de los mensajes sociológicos relativos al cuerpo y la figura podemos protegernos de sus efectos negativos potenciales.

Las madres que han realizado un trabajo interno y han podido resistirse a los estereotipos de la cultura de la delgadez, sin estar repetidamente a dieta restrictiva para adelgazar, transmiten esa aceptación de su propio cuerpo a los hijos. Las reacciones hacia el propio cuerpo se transmiten, verbal y no verbalmente, y la aceptación de las madres hacia su cuerpo tiende a desarrollar satisfacción corporal en los hijos.


Otro elemento protector viene de la mano de aceptar la diversidad corporal, y ser consciente de que el canon de belleza corporal ha cambiado a lo largo de la historía, y no es el mismo en diferentes culturas, de modo que es una creencia, no una realidad. Los pensamientos y las creencias pueden cambiarse, o al menos ponerse en duda para que no nos dañen. Se dice que la belleza está en los ojos del que mira, porque según el filtro de nuestra cultura , nuestros valores y nuestras creencias veremos algunos rasgos corporales como bellos y otros como censurables.

En la cultura occidental la moda nos ha llevado a ver bello que las mujeres sean tubulares, con caderas estrechas. Pero no hace tanto tiempo que se valoraban las caderas anchas…

Hacer una limpieza de mis redes sociales pueda ser un acto de amor hacia mi y mi cuerpo.

Es importante ser muy selectiva con las cuentas que sigo en las redes sociales y con las revistas e información que consumo. Elegir conscientemente no exponerme ante las imágenes que pueden provocarme más preocupación por la delgadez, o frustración con mi peso. Y seguir en mis redes a cuentas que muestren la belleza en cuerpos diferentes y reales.

También puedo proponerme usar ropas que me haga sentir bien. Trabajar a favor de mi cuerpo, no en contra de él. No tengo porqué seguir las modas ciegamente. La ropa está a nuestro servicio, para expresar nuestro interior, no para dominarnos.


Nunca es tarde para aceptar y ser agradecida con tu cuerpo. No tiene porqué gustarte para aceptarlo y amarlo. Valora todo lo que te permite: abrazar, moverte, sentir, recibir placer y darlo…

Un recurso interesante es ponerme alarmas en el móvil con mensajes positivos hacia mi cuerpo: “Soy guapa”, “Tengo unos ojos preciosos”, “Mi sonrisa es magnética”, “Soy mucho más que una talla y peso”, “Amo a mi cuerpo porque me permite bailar”…Cuando suenen y lea esos mensajes me tomaré un instante para parar y hacer dos respiraciones profundas. También puedo pegar post-it con esos mensajes positivos en distintos lugares de la casa, y así integrar otras maneras de hablarme a mi misma.

Es necesario incorporar habilidades y estrategias diarias que que permitan aceptarme tal y como soy, aumentar la autoestima y desarrollar la autocompasión.

La autoaceptación consiste en reconocer todas mis cualidades, mis valores y mis fortalezas y trasmitirme el mensaje de que “soy suficiente”tal y como soy. También requiere observar, aceptar y validar mis emociones. Es mirarme a mí misma con buenos ojos, sin compararte con otros.

Para que la autoestima esté fuerte he de cuidar el dialogo interno. La forma en que me comunico conmigo misma cambia la forma en que pienso sobre mí, lo que cambia la forma en que me siento, la manera en la que actúo y por lo tanto hasta lo que otros perciben de mí y el feedback que me dan. Mantener conversaciones positivas conmigo, convertirme en mi mejor amiga es un gran protector de la autoestima.

Nuestra mente es como una lupa que agranda aquello en lo que más nos enfocamos. Por ello, si no queremos que nuestro aspecto sea el centro que gobierne nuestro estado de ánimo, hemos de aprender a re-enfocar nuestra atención cada día. Un ejercicio que podemos practicar desde pequeñas antes de acostarnos es “la regla del 3-3-3”. Consiste en pensar o en escribir en nuestro diario tres momentos del día en el que hemos sido felices, tres logros que hemos conseguido (o tres cosas que he hecho especialmente bien) y tres circunstancias vividas (o personas que nos hemos encontrado) por la que estamos agradecidos.

Aunque esta práctica se hace por la noche, nos lleva a estar buscando esos hechos durante el día, por lo que nuestra atención tendrá que enfocarse en ello si queremos acordarnos de ello antes de dormir.

Un aspecto imprescindible es mantener a raya nuestro perfeccionismo, puesto que está muy asociado con la insatisfacción corporal. Una forma de que la autoexigencia no nos desborde, es incorporar buenas dosis de compasión en nuestro interior.

Para llevar la compasión (amor y autoestima incondicional) hacia nosotras hemos de decidir ser bondadosas en nuestro interior en vez de críticas, en lugar de compararnos con otros cuerpos ,nos centramos en todo lo que tenemos en común y nos une a otras mujeres, y en lo que me aporta mi propio cuerpo. Podemos recordar que somos humanas, por lo tanto imperfectas, y que más mujeres sufren en este momento por no sentirse “dignas o suficientes”. Y yo elijo ser amorosa conmigo como parte de una revolución social, libero mi sufrimiento para que más mujeres lo hagan y poco a poco seamos libres de la esclavitud de la cultura de la delgadez.


Este post lo escribí para www.proyectoprincesas.com. En su blog puedes encontrar información sobre TCA, testimonios…Os lo recomiendo.




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